viernes, 20 de noviembre de 2009

Con la voz de Valeria no alcanza

Por Juan Pablo Varsky
Para LA NACION




¡Más! ¡Me das cada día más! ¡Aleluya, por el modo que tienes de amar!", canta Valeria Lynch en la inolvidable película Héroes . Sobre esa banda de sonido, Maradona hace elongación a la vieja usanza.
Por lo menos una vez en su vida, todo futbolista amateur que hoy coquetea con los cuarenta años se motivó para un partido con ese combo incomparable. La mística de aquellos días se evoca en la canción que arranca con el "Volveremos, volveremos?" y la melodía de "Zapatos rotos". No nos cansamos de ver esa película. ¡Cómo olvidarse de aquel regreso con la Copa y la dedicatoria a los panqueques en el mismo avión! Lloramos de risa cuando vimos a Bilardo acomodarse los pelos después del gol anulado a Diego contra Uruguay. ¡Qué hermosos recuerdos! Ahora bien, ¿a quién se le ocurre que por el mero hecho de repetir personajes y una clasificación al Mundial tan angustiosa Sudáfrica 2010 será la reencarnación de México 1986?
Sabemos que las cábalas ocupan un lugar muy importante en el fútbol. El talco show entre Coco Basile y Panadero Díaz es, sin dudas, el rito más original de la historia. Concedamos que un jugador, un entrenador o un grupo a veces necesitan ceremonias y amuletos para levantar su autoestima. Pero esta apelación al esoterismo sin un solo fundamento vinculado con el juego entra en lo ridículo. Sin embargo, Valeria ya está preparando su versión 2010 de la canción. "Me lo pidió Diego", confesó en un reportaje. Los comerciales del Banco Galicia confirman que su voz está intacta. Hay más. Adidas diseñó la nueva camiseta con evidentes reminiscencias al modelo "mexicano". El gallito de Le Coq Sportif lo mirará por TV. Tendremos amistoso contra Israel. Sugerimos convocar al Grasshoppers suizo (1 a 0, gol de Sergio Almirón) y al Junior de Barranquilla (0 a 0). Y, por qué no, asignar números por orden alfabético con solamente tres excepciones, como en el 86 (Passarella el 6, Maradona el 10, Valdano el 11).
Recordemos que Bilardo fue modificando jugadores y esquema durante el transcurso del campeonato. El equipo apareció durante el desarrollo del torneo. En el estreno contra Corea, jugaron Néstor Clausen y Oscar Garré como laterales en una defensa de cuatro. Primero salió Clausen para que ingresara Cuciuffo como stopper. Y Garré perdió el puesto tras la amarilla ante Uruguay. Suplente durante toda la etapa de grupos, Héctor Enrique reemplazó a Pasculli en el duelo contra Inglaterra. Y luego sí, la formación se mantuvo inalterable hasta el final. Arrancó con cuatro defensores y dos delanteros netos. Terminó con un líbero, dos marcadores, cinco mediocampistas, un punta y, por supuesto, el divino Maradona.
El mejor Diego de todos los tiempos también necesitó de un sistema que le permitiera expresar su mejor versión. Rever esos partidos significa volver a admirar el despliegue de Valdano, un fenómeno para arrastrar marcas y ofrecer opciones de pase. O asombrarse con la inteligencia de Batista, que antes de recibir la pelota ya sabía lo que iba a hacer. O rendirse ante la plenitud de Burruchaga, el rey de la llegada por sorpresa. Hoy no hay nada de eso.
Para peor, se apunta a un esquema en el que Messi es absolutamente prescindible. Leo es el futbolista más desequilibrante del mundo. Fue el mejor de todos durante la temporada pasada y recibirá los merecidos premios por su extraordinaria 2008-2009. No hace mejores a sus compañeros pero el equipo es mejor con él. Está en Barcelona desde hace diez años. Tanto en La Masía, la usina de talentos del Barsa, como en la primera división ha jugado de la misma manera: como delantero, casi siempre de extremo derecho. Desde ese lugar, le ofrece su mejor rendimiento al equipo. El número 4-3-3 no es una característica telefónica. Se lo llena de contenido con volantes que sepan pasar la pelota y lleguen a posición de gol. Con laterales que pasen al ataque. Con todo el equipo comprometido en la tenencia del balón. Y, a la hora de la recuperación, achicando espacios con pressing sobre la pelota que se ejecuta con los defensores a la altura del círculo central y todos los jugadores involucrados en la tarea.
Cuando un equipo maneja estos conceptos, el esquema se torna secundario. España presenta otra disposición táctica que Barcelona, pero la idea es la misma. Por eso, Xavi e Iniesta rinden tanto en su selección como en su club. Mientras tanto, el 4-4-2 conservador, con las dos líneas de cuatro pegadas entre sí y con el punto de partida retrasado para el contraataque mata al mejor Messi. Lo reduce a una expresión residual. Da lo mismo que juegue o que no. Si no acompaña el retroceso de defensores y medios, queda despegado del equipo. Si se tira atrás, recibe la pelota a 60 metros del arco rival. Con dos o tres tipos encima y un solo compañero por delante (Higuaín). Es la inevitable consecuencia colectiva del sistema.
Ahora, analicemos a los intérpretes. ¿Tiene el seleccionado un lateral derecho que le pase todos los tiros como el brasileño Dani Alves? Quizá la pregunta deba ser si el fútbol argentino ofrece un lateral derecho confiable y con oficio. No está Zanetti, el dueño de la franja durante quince años y de rendimiento decreciente en el equipo nacional. En Inter juega de mediocampista o de lateral izquierdo porque Maicon le quitó el puesto hace tres temporadas. En el Mundial de Alemania se turnaron en la posición Cufré, Burdisso, Scaloni y Coloccini. Basile le dio una chance a Ibarra. Y con Diego, aparecieron Jonás Gutiérrez, Otamendi y, otra vez, Coloccini, humillado por Iniesta y Capdevila en el primer tiempo del sábado pasado. Zabaleta y Clemente Rodríguez aún no han tenido su oportunidad. Curiosamente, Clemente fue el primer lateral izquierdo post Sorin. Lo puso Coco en el amistoso 0-3 ante Brasil. Luego recurrió a Heinze, a Zanetti y hasta a Cata Díaz en el 1 a 1 contra Perú. Maradona apeló a Papa, al propio Heinze, a Monzón, a Emiliano Insúa y a Ansaldi. Y seguramente seguirán desfilando candidatos para el puesto. Entonces, la selección parte de un sistema para el cual le cuesta encontrar intérpretes.
En la mitad de la cancha ocurre algo similar. El primero en explorar la fórmula Mascherano-Gago fue Basile. Pero no en un 4-4-2. Lo hizo en una gira por los Estados Unidos con una línea de tres centrales y dos jugadores a cargo de los laterales. Así pudo juntar a Messi, Agüero y a una referencia de área (Cruz). Para mí, esos dos partidos fueron los mejores del ciclo Basile. Coco repitió la experiencia en el 0 a 0 ante Brasil en Belo Horizonte, con Riquelme por Agüero y un aceptable rendimiento. Luego, debió desactivarlo por suspensiones y lesiones. Y después renunció. Más allá de sus bajísimas prestaciones individuales de hoy, Mascherano y Gago se duplican en este esquema. No se complementan. Comparemos con Busquets y Xabi Alonso, los dos mediocentros españoles. El de Barcelona ejerció de líbero delante de los defensores y se encargó del primer pase. El de Real Madrid se asoció con Iniesta y Xavi para generar juego en campo rival y hasta metió un gol de goleador, buscando el rechazo de Romero. Verón sí le da al equipo más fundamentos de juego en esa zona clave. Así las cosas, el 4-4-2 sin laterales profundos y con ejes repetidos no parece ser la fórmula para potenciar a Messi. Y sin un gran Messi, no habrá vuelta olímpica en Sudáfrica.
A 23 años del canto original, Messi no es Maradona. Maradona no es Bilardo. Bilardo permanece y transcurre en una función incomprensible. Batista en la Sub 20, Brown en la Sub 17 y Garré en la Sub 15 han sufrido con los juveniles argentinos en este 2009. Por ahora, para conectarnos con "la misshtica" del 86, sólo contamos con la voz de Valeria.


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