miércoles, 25 de noviembre de 2009

El Eternauta , un heroe Argentino

La primer historia cuenta que eran cuatro amigos jugando al truco una noche en un chalecito de Vicente López. En el piso de abajo dormían Elena y Martita, la mujer y la hija de Juan Salvo, que acababa de tener 33 de mano.
Parecía que el ancho de espada era lo más duro que habría que enfrentar esa noche; pero no. Desde la calle vino el ruido de un choque y enseguida el silencio. Un silencio que sobresaltó a los cuatro. A través de la ventana caían copos de nieve. Raro para Bs. As. Claro, no era nieve exactamente. El cielo estaba escupiendo alguna sustancia mortal.
Desde la buhardilla, los ocho ojos vieron coches volcados, la gente tirada. Muertos con sólo un sutil contacto con la ‘’nieve’’. En poco tiempo supieron que no era algo de este mundo: estaban ante la primera avanzada de una invasión extraterrestre. Encerrados en esa casa, se supieron unos de los pocos sobrevivientes. Después, peleas y peleas contra los enviados de un enemigo casi invisible: los Ellos. Al final, Juan Salvo es arrojado a otra dimensión del tiempo y el espacio, convertido en el Eternauta. Allí buscará a Elena y a Martita. Eternamente.




La segunda historia habla de un hombre que asomó al mundo en 1919 en Bs. As. que estudió geología. Que escribió cuentos infantiles: se vio su nombre en la revista Gatito y la colección Bolsillitos. Que también escribía sobre ciencia. Un día, en la editorial Abril, le proponen hacer guiones de historietas. Su firma empieza a aparecer en las revistas Cinemisterio, Rayo y Rayo, Misterix, fechadas en 1950. El hombre que escribe en un chalet a una cuadra de la estación Beccar tiene cuatro hijas. Entre 1957 y 1959 el hombre de la segunda historia escribe la primera. En los 70 empieza a militar en Montoneros. Y sigue escribiendo guiones. En 1977 las Fuerzas Armadas los secuestran a él, a sus cuatro hijas –dos estaban embarazadas-, a dos yernos, y a dos de sus nietos, que son devueltos. Los "Ellos" tienen cara: son personajes de la historia argentina. Su esposa, Elsa, es retenida en esta dimensión del tiempo y del espacio. Aquí buscará a Héctor Oesterheld y a las chicas. Eternamente.

"La casita de Héctor en Beccar era muy parecida a la que dibujé para Juan Salvo" cuenta ahora, sentado al lado de sus hojas y sus lápices, Francisco Solano López, el hombre que 1957 les inventó las caras a los personajes de El Eternauta, la historieta que cuenta la primera historia. Solano López, un tipo al que Oesterheld alguna vez definió como "un dibujante muy cálido". En setiembre se cumplirán 40 años de esa primera vez y Juan Salvo, el Eternauta, sigue pariendo fanáticos. Una comprobación: en uno de los últimos números de la revista especializada Comiqueando, el personaje argentino de historieta más votado fue este maduro navegante de la eternidad.
En 1957, Oesterheld había fundado su propia editorial –Frontera- que sacaba las revistas Hora Cero y Frontera. "Un día –cuenta López- Héctor me llama y me pregunta qué quiero hacer. Le dije que quería salir de las historietas de corridas y tiros. Buscaba la oportunidad de reflejar la psicología de los personajes. Me contó su idea del Eternauta. Era lo que yo quería".

Pasaron 40 años y el Eternauta sigue teniendo algo que decir. "Son varias cosas. Un tema fuerte, la invasión, acá, en Buenos Aires, peleando en la General Paz y en la cancha de River. La increíble calidad humana de los personajes. La expresividad, las relaciones entre ellos. Y un elemento subyacente: nuestro sentimiento de país periférico, acosado, a merced de lo que decidan otros. El Eternauta expresó eso directamente, y como muchos lo sentían, la historieta prendió", piensa Solano López
Ante el invasor, el Eternauta plantea la resistencia. Enfrentar a un enemigo que lleva las de ganar en lugar de subordinarse a él. Las opciones políticas de Oesterheld muestran que elegía esa actitud también para su vida: "Ustedes, hombres, tienen una sola esperanza de salvación... si no quieren la aniquilación total pueden entregarse voluntariamente", les dice uno de los invasores. El precio es alto: "Haremos de ustedes hombres robot", explica el agresor, con una claridad que no existió en la segunda historia, la de realidad.
Oesterheld se negó a aceptar el trato, en los dos casos.
Algo más podría tener El Eternauta: el calor de un grupo.
Lo explicó, en un prologo, el propio Oesterheld: "El héroe verdadero de El Eternauta es el héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así mi sentir intimo: el único héroe válido es el héroe en grupo, nunca el héroe individual, el héroe solo".
La primera versión, la mítica, salió en la revista Hora Cero en septiembre de 1957. "No se puede decir que lo que yo hacía fuera muy realista porque no lo sabía hacer –confiesa Solano López-. Con El Eternauta, yo iba ensayando mientras trabajaba. Y a las disparadas, porque eran muchos cuadritos por día. Héctor me mandaba los guiones por un cadete y yo se los devolvía por otro cadete. No hablábamos. Nunca me dijo ´que bueno eso´ ni ´yo lo pensé de otra manera´".
Sentado frente a un guión manuscrito, Solano López imaginó los personajes y los escenarios. Y cuenta: "Decidí hacer a Juan Salvo rubio y de pelo corto porque acababa de dibujar dos historietas con morochos argentinos: Joe Zonda y Rolo, el marciano adoptivo. Pensé: el Eternauta es argentino, de clase media, vive en la zona norte, ¿por qué no puede ser rubio? Quise darle una apariencia normal, no musculoso, no superhéroe. Y una cara natural, con una mirada cálida, de acuerdo con la de un hombre de familia. Pero en esa época el pelo no se usaba tan corto. Esto llevaba implícito un cálculo: alguna característica diferente tenía que tener, porque iba convertirse en un navegante de la eternidad".
La columna que resiste la invasión avanza, en la historieta, desde zona norte. Solano López la había recorrido miles de veces: "Viví mucho tiempo en Belgrano y tenia una tía en Olivos. Esa Avenida Libertador, General Paz, la llegada a Plaza Italia, Santa Fe, el Congreso, eran vivencias infantiles y juveniles. Fue casi natural dibujarlas como escenario".
En 1969, Oesterheld decidió volver a lanzar la historia original. Lo acompañaba un dibujante famoso: Alberto Breccia. Y el Eternauta renacio de las páginas de la revista Gente. Pero el guionista cambió algunos detalles respecto de la versión original. Juan Sasturain, director de la Serie Oesterheld de editorial Puntosur, lo cuenta así: "Los hechos eran los mismos, pero la explicación es otra. ¿Qué había pasado? En esta versión está claro: la invasión se ha producido en un suburbio del mundo, no en el centro. La ayuda nunca llega; son las bombas atómicas del Norte que destruyen Bs: As."
¿Qué había pasado? Doce años en la vida del país y del hombre que lo miraba: veníamos de la "revolución libertadora" y la "resistencia peronista"; más tarde, el gobierno de Frondizi; la democracia de Illia, establecida con proscripción del peronismo; "la noche de los bastones largos" de Onganía; el Cordobazo; el Rosariazo. Fuera de las fronteras, los cubanos habían hecho su revolución y Alfredo Palacios había sido elegido diputado en la Capital Federal levantando una consigna: el apoyo a Cuba socialista.
"En ese clima de movilización política, Oesterheld relee su propia historieta –analiza Juan Sasturain-, mira el autor de El Eternauta y lo juzga un liberal bien pensante e ingenuo. Le parece que en la primera versión había tenido la sensibilidad para captar el mundo, pero no la hondura como para entenderlo".
La realidad empezaba a interpretarse según parámetros bastantes más severos. "En el 69 –dice Sasturain- Oesterheld se radicaliza políticamente y el personaje de Favelli, amigo de Juan Salvo y profesor de física, explica que la invasión ha sido resultado de una transacción entre el Norte y los Ellos, que el Norte pactó para salvarse y pagó con el Sur".
La publicación en Gente, termino mal. En un reportaje que le hicieron Carlos Trillo y Guillermo Saccomanno, el propio Oesterheld lo evalúo así: "El Eternauta en Gente fue un fracaso. Y fracasó porque no era para esa revista. Yo era otro: no podía hacer lo mismo. La editorial recibía cartas de los lectores insultando por publicar historietas. Y entonces el editor sacio una carta de disculpa. Por eso tuvimos que apurar el desenlace".
En 1976, Oesterheld ataca de nuevo. Sale El Eternauta, segunda parte, en la revista Skorpio, de ediciones Récord. Otra vez dibujará SSolano López. La Triple A y los grupos armados... El país empezaba a llenarse de muerte.
Cambió la vida: Héctor Germán Oesterheld había entrado de lleno a Montoneros, con el nombre de Germán. Había dejado su casa. A veces dormía en el Tigre, con Rodolfo Walsh; a veces en hoteles ignotos. Había salido hacer lo que él creía imprescindible: ser coherente con su interpretación del mundo. Una temprana explicación de sus actos puede leerse en El Eternauta de 1957: "Si queremos acabar con el invasor –dice el Profesor Favelli, cuando él y Juan están a punto de dejar el chalecito de Vicente López- debemos emplearnos todos y bien a fondo. Si no se ataca al invasor ahora, cuando todavía no ha tenido tiempo de establecerse en forma, más tarde no será posible hacerlo".
"En sus historietas, la aventura es una bisagra, el lugar donde un hombre común se encuentra en una circunstancia limite, deja todo y pasa a vivir de otra manera. Entrega la vida a un sentido superior", dice Sasturain, como si hablara del hombre y no del personaje.
El hombre era otro; el personaje también. En la segunda parte, escrita en ese 1976 que empieza con el golpe militar, Salvo vuelve a la tierra en el siglo XXII y encuentra un pueblo que vive en cuevas, es una especie de Edad de Piedra, y es esclavo de los Ellos. ¿Se imagino que así sería el futuro si los Ellos ganaban? Ahora Juan Salvo deja de ser un tipo cualquiera, integrado a su grupo, y se convierte en un líder duro, con superpoderes. Un tipo capaz de entender como funciona una maquina con solo mirarla, de ver lo que esta por pasar, de concentrar su energía mental y trasladarla a los músculos, que se hace invencible; capaz de sacrificar a muchos de los suyos para darle un golpe duro al enemigo. De decidir salvar el pueblo, donde los chicos juegan y los grandes trabajan, aunque esa decisión cause la muerte de Elena y Martita, su mujer y su niña.
Dibujante y guionista tuvieron sus primeros problemas en esta segunda parte. Se habían acabado las noches de asado y vino en la casita de Beccar, cuando Solano López y Oesterheld planeaban hacer juntos una historia de la Guerra del Paraguay. Los guiones llegaban y Solano López los dibujaba, pero algo le empezó a molestar.
"Héctor tomó El Eternauta como una herramienta de militancia. Yo cuestioné mucho esto, porque no me consultó. Vi que estaba haciendo propaganda por la lucha armada. Y yo no estaba de acuerdo. Tampoco estaba de acuerdo con los militares, pero entre los militares y los Montoneros, en el medio, había unos cuantos millones de personas", cuenta el dibujante.
Pasaba algo más. El hijo más chico de Solano López había entrado en el camino de la militancia, pese a la oposición firme de su padre. A principios de 1977, llegó a la conclusión de que la vida de su hijo corría peligro. "Me lo llevé a Madrid de las pestañas", dice con alivio.
Inmediatamente llegó el 27 de abril, la emboscada en La Plata en la que llevaron a Oesterheld, la tortura, la visita del nieto de tres años en la celda... el silencio, el mismo silencio de muerte que empezaba El Eternauta. Otra vez se había anticipado. En la primera versión, uno de los personajes lamentaba: "Todos desaparecidos... como si no hubieran existido nunca".
Muchos creyeron leer en El Eternauta una premonición, un anuncio de lo que atravesaría la Argentina en los 70. Como si hubiera previsto tanto dolor, decían Juan Salvo en 1957 "Cuando venga la reflexión y se den cuenta cabal de lo que ha sucedido, ¿cómo haré para mitigarles la pena?



No hay comentarios:

Publicar un comentario